Zona de confort

Sí… sí… la «zona de confort»… ¡No me gusta nada esa palabra! Quizás porque está demasiado sobrecargada. «¡Tienes que salir de tu zona de confort!» No, ¡no tengo que nada! ¿Cómo sabes dónde o qué es mi zona de confort? Un comentario así me parece un poco invasivo.

Bueno, en cualquier caso, estuve enferma y no fue fácil volver a una rutina y recuperar energía. O más bien… algo me molestaba. Estaba insatisfecha. Pero empecemos desde el principio…

Al fin y al cabo, era solo un trabajo

Mann bedeckt sein Gesicht mit den Händen

Tenía un trabajo que no me llenaba en absoluto. Quiero decir, podía realizar las tareas, eso estaba bien, pero la forma de relacionarse en la oficina no era lo mío. Mejor dicho, la forma en que ME TRATABAN no me gustaba para nada.

En realidad, a finales de año me vino el lema de 2025 «Autocuidado radical» precisamente por este trato en el trabajo. Sabía que así no podía continuar (¡otra vez!). No solo mi cuerpo me estaba avisando desde hacía ya meses, sino que durante ese tiempo en esa empresa también se alimentaron y avivaron mis sistemas limitantes. Llegué a pensar: «¿De qué sirve todo este trabajo interior si vuelvo a estar en este punto y no tengo el valor para simplemente renunciar (de nuevo)?»

¡Claro! «No tenía el valor» porque mi confianza en mí misma estaba resquebrajada: «No soy lo suficientemente buena», «¿Dónde presentar hojas de vida si no sé hacer nada?» bla bla bla…

El regalo inesperado

lichterkette

Para mi suerte, justo después de las vacaciones de Navidad, solo llegar el 7 de enero, me despidieron. Un regalo de los Reyes Magos, por así decirlo. No lo esperaba y fue un shock para mí, pero ¡hey! ¡Qué oportunidad, ¿no?!

¿Qué tiene que ver todo esto con la zona de confort? Este trasfondo es relevante para entender que estaba atrapada en una situación que se volvía cada vez más estresante, y como sabemos, el estrés significa literalmente tensión, sobreexcitación, cortisol, fight, flight…

«Aquí a los empleados no los tratan bien – tal vez tienen razón y realmente soy demasiado lenta, demasiado cara y cometo demasiados errores – ¡Qué vergüenza!. Tengo que hacer todo lo posible para que mi incompetencia no se note tanto – ¡ups! ¡otro error! ¡Mierda! ¿Ves? No eres lo suficientemente buena… – me siento incómoda en este trabajo (¡por supuesto, querida!) – Estos pensamientos y sentimientos no me hacen bien, debería buscar alternativas e irme – pero ¿quién me querría? ¿A mí, que no soy buena en nada?»

Un verdadero dilema.

Diversidad de emociones

Después del despido, realmente me relajé: «Ya qué más da». Pasé por varias fases:

  • Primero estaba en shock
  • Luego estaba tan feliz como no lo había estado en muuuucho tiempo
  • Estaba motivada y extremadamente creativa
  • Tenía una cantidad increíble de energía que aproveché muy bien (por ejemplo, para preparar todo para trabajar como autónoma)
  • Después simplemente estaba agotada…

Es interesante ver cómo pasé de la hiperactivación a la hipoactivación. Mi cuerpo y mi cerebro estaban taaaan cansados… sin energía. Afortunadamente, mi alma (mi Higher Self, Yo Observador…) se sentía OK y era paciente con estos estados.

Sin batería...

Sin embargo, en algún momento, el estado sin energía se me hizo demasiado. Ya durante el trabajo «no tenía tiempo» para hacer deporte o salir a caminar, había cancelado mi membresía en el club de Boogie (demasiado estrés), estaba demasiado agotada para tocar ukulele y así sucesivamente… lo «único» que podía hacer era dejarme llevar por la televisión o las redes sociales.

That’s it.*

Ahora tenía mucho más tiempo (aunque todavía tenía que trabajar casi 3 meses, apenas me daban tareas. Thank god!) y aun así no hacía nada de lo que nutre mi alma y mi cuerpo. ¿Adónde se había ido toda la energía y la motivación?

Y sinceramente, si no hubiera aprendido tanto sobre el sistema nervioso, probablemente me habría decepcionado de mí misma y la espiral en descendente habría continuado. ¡Qué bendición! Es decir, podía observar todo lo que estaba pasando dentro de mí y fui (para mis estándares) realmente paciente conmigo misma, con mi cuerpo, con mi cansancio, con mis pensamientos… uno se vuelve más sabio con la edad 🙂

Sin embargo, después de un tiempo, supe que lo que sentía no era solo cansancio, porque intentaba cuidarme bien pero noté que me resultaba cada vez más difícil. ¿Eh? ¿Por qué? ¿A qué hora empezó esto y cómo salgo de este ciclo?

Aquí entra en juego la "zona de confort"

Sí, «zona de confort» entre comillas porque, como ya mencioné, no me gusta mucho la palabra o al menos no como se usa muchas veces. La zona de confort se presenta como algo negativo. Zona de confort = pereza. (Por cierto, tampoco creo en la «pereza», pero esa es otra historia).

La zona de confort es lo que se siente cómodo para nosotros. Nos es familiar, nos sentimos a gusto en ella. Las cosas nos resultan fáciles, sabemos qué esperar. ¡Y eso es tremendamente importante! Significa seguridad y también estabilidad. Me encanta la zona de confort.

Pero entonces, ¿por qué estaba tan insatisfecha con esta «pereza» que había llegado sin yo darme cuenta, si tanto me gusta? Oía las voces en mi cabeza (no te me austes, sé que solo están en mi cabeza 😅) diciendo: «Deberías aprovechar mejor el tiempo que tienes ahora disponible. Al menos para ti misma. Para cuidarte mejor». Y no me dejaba tranquila, porque otra parte de mí simplemente no quería hacer nada. Ni siquiera algo agradable como ir a la sauna o tocar el ukulele.

Ok, ¿qué hacer entonces?

mehrere Ukulelen liegen beieinander

Los retos

Sabía que la falta de motivación no era solo una cuestión de energía. Así que sí, mis baterías estaban bastante vacías, pero si ni siquiera me animo a llenarlas, ¿entonces qué? Reconocí que la vergüenza y el miedo me estaban frenando. Ajá: mis pensamientos. Las frases que me repetía una y otra vez durante el último año: «No soy lo suficientemente buena».

Necesitaba lo contrario. Necesitaba experimentar alguna clase de éxito. Pequeñas cosas que me mostraran que soy capaz. Que logré o conseguí algo. Así podría eventualmente romper el ciclo.

buch wer nichts riskiert, verpasst das leben

Recordé un libro que leí hace una eternidad y que me inspiró en aquel entonces: «My year with Eleanor» de Noelle Hancock. Se trata de que ella hace algo que le da miedo cada día durante un año, y describe los retos más divertidos y más significantes para ella en este libro.

¿Qué pasaría si hago algo un poco más pequeño y me desafío cada día? Prácticamente «salir de la zona de confort»? Podría anotar cada noche en mi diario las cosas que he logrado durante el día, para hacerme consciente de ellas y reconocer que realmente logro cosas.

Así que tomé 40 papeles y escribí 40 pequeños (y algunos no tan pequeños para mí) retos. Cosas como:

  • Hoy solo uso las escaleras (vivo en el quinto piso…)
  • Hoy hago una sesión de yoga
  • Durante una semana entera sin interrupciones hago mis «Baby Steps»
zettel mit einer challenge

Una que otra vez volví a meter los papeles en la caja porque el desafío del día me parecía «demasiado difícil», por ejemplo, «hoy no comunicar por WhatsApp, solo llamar», pero el simple hecho de pensar en que iba a sacar una tarea sorpresa para el día me alegraba y motivaba.

Han pasado dos semanas desde entonces y debo decir que ¡ha funcionado! Me siento más segura de mí misma. Mis dudas ya no parecen ser tan temerosas. He recuperado mi fuerza interior. Mi seguridad. ❤️

En resumen…

La zona de confort es importante y buena para nosotros. Es agradable tenerla para sentirnos seguros y estables. Sin embargo, con el tiempo nos queda un poco estrecha y en lugar de «abandonarla», yo sugeriría más bien expandirla. Una y otra vez. Así podemos sentirnos protegidos y al mismo tiempo crecer, experimentar y atrevernos a vivir cosas nuevas.

*AVISO IMPORTANTE: Los síntomas descritos también pueden indicar una depresión. Si durante un período prolongado experimentas sentimientos de abatimiento, falta de motivación o tristeza persistente, te recomiendo que consultes con un profesional médico.

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